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El Reglamento de Carlos III en 1764: un programa ilustrado de defensa de la costa

A la llegada de Carlos III al trono de España la costa del Reino de Granada atravesaba por una situación de evidente inseguridad y las infraestructuras de defensa y vigilancia resultaban ineficientes ante las amenazas externas protagonizadas por el corso y la proliferación de actividades ilícitas mayoritariamente vinculadas al contrabando. Abundan los testimonios contemporáneos, como el del ingeniero Jaime de Conca, comisionado precisamente para verificar el estado de las fortificaciones costeras en 1767. Será testigo no solo de algún intento de falúas moras para asaltar embarcaciones españolas ante la inoperancia de los torreros, sino también de la extrema dejadez de las guarniciones a la hora de ocuparse de sus funciones, incumpliendo con sus obligaciones de defensa y vigilancia, todo ello como consecuencia de un sistema viciado de corruptelas y sobornos auspiciado por una oficialidad más atenta a sus propios intereses que a las tareas que les habían encomendado.

Carlos III retratado hacia 1765 por Anton Raphael Mengs (1728-1779). Museo del Prado

Será el mariscal de campo Antonio María Bucarelli quien reciba la orden en 1761 de reconocer la costa de Granada y Murcia, desde Marbella hasta Cartagena. Debía analizar el estado de las fortificaciones y la distribución de sus dotaciones, además de redactar informes en los que se contemplasen propuestas, sugerencias y mejoras con el fin de incrementar la solidez y efectividad del sistema defensivo. Con base en este minucioso trabajo de Bucarelli, en 1764 se promulga el Reglamento que Su Magestad manda observar en las diferentes clases destinadas a el Real Servicio de la Costa del Reino de Granada, donde se contenía un plan de fortificación y una redistribución de las tropas encargadas de la protección de la costa.

Mapa en el que se representan los diez mandos de la costa sureste peninsular sectorizados por el Reglamento promulgado por Carlos III

La nueva normativa sectorizaba la costa del sureste peninsular en diez mandos y establecía la distribución de 113 fortificaciones, aprovechando algunas de las preexistentes y levantando de nueva planta las necesarias en respuesta a las exigencias del Reglamento. El responsable de ejecutar un plan tan ambicioso fue José Crame, ingeniero director de la costa del Reino de Granada, quien desarrolló cuatro tipos de edificios: las baterías para 4 cañones, las torres para dos cañones, las atalayas y las casas fuertes para caballería.

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